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Iraís Piñon is the director of Culturas Populares e Indígenas (ICBC) in Tijuana, Mexico. Her responsibilities include programming for different cultures and bringing that culture to the general public. The following article was written by her as an expert in the traditions and culture of Días de Los Muertos across Mexico.(Need translation?Go to www.freetranslation.com)LA
CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LOS MUERTOS EN MÉXICO
TIPOS DE ENTIERROS La forma en que eran enterrados estaba estrechamente relacionada con su concepción de la muerte, por ejemplo: a una mujer se le enterraba con todas sus pertenencias personales, así como los objetos que utilizaba en la casa: ollas, metate, vasijas, collares, adornos, sus dioses tutelares, entre otros. Un guerrero era enterrado ataviado con su traje de guerrero águila o jaguar, con su chimalli o escudo, insignias y armas. A los nobles y principales se les ponían sus mejores ropajes, así como sus joyas y adornos, algunos de ellos portaban preciosas máscaras mortuorias como en el caso del gobernante Pakal, encontrado en su tumba en Palenque. Algunos nobles y gobernantes eran acompañados por un séquito de sirvientes. Muchas de las vasijas encontradas contenían restos de semillas alimenticias. Diversos trabajos arqueológicos han reportado el hallazgo de numerosos estatuillas colocadas de tal forma que nos hacen pensar que se trataba de un ritual, éstas estaban teñidas de rojo, óxido de cinabrio, que era la asociación de la vida con la muerte. El rojo era un símbolo de vida. Estos son algunos de los elementos que nos permiten analizar lo que nuestros ancestros pensaban en torno a la muerte, es decir, como una continuidad de la vida, del lugar del incógnito. En los entierros encontrados en el área de Teotihuacan, los difuntos eran enterrados con una máscara de piedra, algunos arqueólogos consideran que estas máscaras tenían un carácter ritual, a las cuales se les atribuían poderes mágicos y formaban parte de los ritos funerarios, al mismo tiempo, representaban su culto por los muertos. Se dice que pensaban que al serle colocada la máscara, el difunto se transformaba en el ser representado por ella, por otra parte, la máscara era una protección contra los poderes enemigos durante su viaje por el inframundo. Entre los pueblos indios que habitaban el área cultural yumana, región localizada al noroeste de México y suroeste de los Estados Unidos, en donde se localizan las comunidades nativas de Baja California, se realizaban ciertos ritos funerarios comunes a todos los pueblos que habitaban la región. Según las investigaciones realizadas por el antropólogo Eduard H. Davies, los indígenas que habitan en esta región durante el periódo prehispánico y entre ellos los luiseños, era costumbre que después de que habían muerto entre seis y ocho miembros de una familia o comunidad, los parientes ofrecían una gran fiesta, a la que invitaban a parientes y amigos, para esta celebración tenían que proveerse de abundante comida: venados, conejos, bellotas, piñones, lo cual era recogido por espacio de varios años. La ceremonia duraba muchos días o meses. Esta ceremonia era acompañada por cantos y danzas. Formaban figurillas que representaba a sus muertos, dando por hecho que éstas serían ocupadas inmediatamente por el espíritu de sus difuntos. Los símbolos de un varón muerto eran gorros y guirnaldas de pluma de águila, así como faldas de corteza de árbol. A las mujeres se le ponía un gorro de piel de conejo: "Mientras la concurrencia cantaba y bailaba, se molían algunos huesos calcinados de muerto y despues de convertirlos en polvo se mezclaban con agua en ollas pequeñas y la mixtura resultante se daba a beber a los parientes. Se creía que esto aseguraba una larga vida excenta de enfermedades; y traspasaba a quienes ingerían esta mixtura las cualidades y virtudes del desaparecido... El final de la fiesta consistía en quemar la casa o última morada del muerto". Una práctica semejante en cuanto al tratamiento de los huesos es la que realizan los yanomama, nativos de la selva amazónica entre Brasil y Venezuela, en donde los aborígenes elaboran un bebedizo con los huesos de sus muertos y todos los miembros de la comunidad lo beben para adquirir las cualidades de los fallecidos. Sin embargo, en la tradición oral de los pueblos yumanos no existen este tipo de registros. Cuando los primeros españoles llegaron a Baja California, observaron que los indígenas rendían culto a sus muertos. Dentro de sus prácticas estaba la incineración, los huesos que quedaban después de consumida la carne por el fuego, se quebraban y se colocaban en una olla que más tarde enterraban. Constance Goddard en su investigación realizada con los diegueños o k´miais a principios del siglo XX, logró obtener información de los ancianos que fluctuaban entre los 60 y 70 años de edad en torno a sus prácticas funerarias, los cuales le dijeron que los sacerdotes cristianos les prohibieron la incineración de sus muertos, sin embargo, los indígenas continuaron realizando sus prácticas de forma secreta. Asimismo, logró que le dijeran en donde se localizaba el panteón, de donde extrajo dos tumbas funerarias. Sin embargo, en Pozas de Arvizu, Sonora, pueblo cucapá aún conserva la tradición de incinerar a sus muertos. En 1991 se hizo una ceremonia muy especial cuando se incineró el cuerpo de don Juan García Aldama, shamán, cantor y guía espiritual de los cucapá de la comunidad El Mayor, en Mexicali, quien era uno de los hombres más importantes en la preservación y transmisión de la cultura cucapá y quien mantenía nexos muy cercanos con sus hermanos de tradición en los otros asentamientos cucapá. También la comunidad cucapá asentada en Somerton, Arizona mantiene esta tradición. LA CONCEPCIÓN DE LA MUERTE ENTRE LOS PUEBLOS NATIVOS DE BAJA CALIFORNIA. La muerte se considera una cuestión natural, las gentes están concientes de que todos y en cualquier momento van a morir, partiendo a otro mundo en donde no existen carencias. Esto es muy significativo, pues refleja la manera en que han vivido, ya que son comunidades en extrema pobreza. El otro mundo, "el mundo de los muertos" que en pa-ipai se llama polkual, es el lugar a donde van a ir morar después de haber fallecido. Cuando muere algún miembro de la comunidad, ellos entonan la siguiente canción: Ya te vas a otro mundo ni sed, ni injusticias tendrás no voltees para atrás ahí te perseguiremos si ves a todos nos los saludas allá arriba. Aunque piensan que todos los difuntos llegarán a donde mora su Dios, los que cometieron alguna falta, tardarán mucho más tiempo en alcanzar la paz, para poder participar del "otro mundo" con el Creador. Entre los pai-ipai cuando muere un niño, el hombre más viejo de la comunidad lleva unas plumas de águila y justo al medio día, cuando el sol se encuentra en el cenit y las quema. Según su concepción, en los niños no existe maldad, ellos tienen una palabra para nombrarlos equivalente al angelito de la religión católica pechwi kuek. La muerte de los ancianos es muy sentida, porque ellos representan la sabiduría de la comunidad, a través de sus conocimientos se han preservado y transmitido las tradiciones para las siguientes generaciones. Después de muertos se les considera protectores de la comunidad. También se piensa que es un don divino el hecho de que vivan tantos años, así como el que su sabiduría se vaya acumulando a través del tiempo, en pa-ipai se les llama wech pawauli. Es común a todos los pueblos bajacalifornianos, al año de morir una persona se recuerda mediante una celebración a la que llaman "lloro". Como parte del ritual se hace una comida por parte de la familia del difunto y en ella participa toda la comunidad. La mujer que hace la comida dirige el ritual, adquiriendo así un lugar importante frente a la comunidad. Los parientes del difunto no deben comer de los alimentos preparados ese día. Tampoco guisar sus alimentos con manteca. La comunidad en general les lleva ofrendas. Hace algunos años que entrevisté a varias personas en la comunidad pa-ipai de Santa Catarina y ellos me describieron la ofrenda que aún realizaban. Para iniciar la ofrenda se coloca una "ramada" con yerba de moronel, debajo de ella, sobre el sueldo, a manera de altar se ponde una cruz formada con manos de metate que se orienta de norte a sur. El norte para los pueblos de tradición yumana se ubica en el este, que es el lugar del sol, el espacio en donde mora su Dios. Este lugar está representado por el rojo y negro, principio y fin de la vida. También es el lugar de los muertos, pues al morir van con su Dios. La cruz representa los rumbos del universo y el punto en donde se entrecruzan las manitas, representa el centro de su universo, su espacio vital. En cada una de las esquinas se colocan unas ollas de barro grandes, dedicadas a los Dioses del viento y las montañas, dentro de ellas se pone una yerba llamada guatamote, la cual es encendida y el humo que despide según el testimonio de los lugareños sirve para ahuyentar a los malos espíritus, con ella se sahuma hacia los cuatro rumbos del universo y hacia las personas que participan en el ceremonial. Las ramas no se tiran hasta después de 12 días, periódo en que de acuerdo a su cosmovisión su Dios creó el mundo. Hacia el lado este se colocan las figuras que representan a los difuntos, especialmente a los que murieron el último año, cada una de las representaciones con los atributos y adornos de su sexo. En las ollas de barro se les pone ofrenda de miel, piñones, bellota y agua, algunos de los alimentos más tradicionales que aún consumen los pueblos yumanos. También se colocan figurillas tejidas que representan animales que son representaciones sagradas por ser creaciones divinas. Ofrecen ollas de cera que ellos mismos recolectan, mismas que permanecen encendidas por muchas horas. Benito Peralta González y Juan Albañez Higuera me platicaron que antigüamente en la comunidad existía otra ceremonia llamada el "Lloro del aguilucho", para este ritual era elegido un jóven que se destacara por distintas cualidades, él iba a las montañas y ayunaba por cuatro días, cumpliéndose este lapso de tiempo tenía que buscar un aguilucho pequeño, calculando que para la fecha tuviera el tamaño necesario para sacrificarse. El día de la ceremonia se construía una ramada grande en donde se reunía toda la gente del pueblo formando un círculo. Al aguilucho se le ubicaba en el centro del círculo, en donde todos los varones, incluyendo a los ancianos, fumaban tabaco coyote, en pipas ceremoniales llamadas meljó. Lanzándole bocanadas de humo hasta que el aguilucho caía ahogado. Antes de caer el aguilucho lloraba como si presintiera la muerte. Después de caer, le quitaban las plumas en montoncitos y las lanzaban al aire diciendo: en tal parte murió mi papa, en tal parte murió mi hermano, en aquella parte murió mi hijo. Y así, cada uno, mencionaba a sus muertos a la vez que lanzaba las plumas. La ceremonia duraba cuatro días y cuatro noches. Otra de las tradiciones que aún conservan los pueblos indios bajacalifornianos es que después de muerta una persona, cuando el cuerpo ya está depositado en la caja, toda la familia del difunto se corta un pedazo de cabello en señal de duelo, y después lo dejan crecer durante un año. El pelo es colocado dentro de la caja, así como los obsequios que le llevan los vecinos de otros pueblos de la misma tradición cultural. Los niños se sahuman con salvia, para que el espíritu del difunto no les haga daño. Los adultos se lavan la cara y las manos. Durante el velatorio se cantan los cantos de la muerte. También se hace comida para ofrecerla a los miembros de la comunidad y a todos los visitantes de otras comunidades que asisten al funeral, pues es tradición entre los pueblos de tradición yumana estar presentes tanto en las fiestas o kuri-kuri, como en las ceremonias funerarias. Algunas de las comunidades conservan la costumbre de quemar la última morada con todas sus pertenencias, para que el espíritu del difunto viaje más libremente y no tenga ataduras en la tierra. Algunos otros, por razones económicas abandonan su casa por espacio de un año. Durante la ceremonia funeraria se cantan los cantos de la muerte que según los cantores tradicionales se cantan en serie de cuatro . De acuerdo al mito de creación kiliwa cuando su Dios Creador Melti-ipá-jalá, el Dios Coyote-gente-luna, cuando terminó de crear el mundo, se sintió muy agotado y murió, sus hijos no le cantaron y él estaba muy enojado, se le olvidó que no les había enseñado a hablar, mucho menos a cantar. Luego se convirtió en pajarito para buscar a alguien que supiera las canciones de la muerte, pero nadie las sabía, entonces encontró a un león y se las enseñó, y éste a sus hijos. Finalmente el mismo Dios les enseñó lo importante que es cantar en las ceremonias mortuorias. De acuerdo a la cosmovisión pa-ipai existe una vida después de la muerte, el espíritu abandona el cuerpo y se va a vivir al cielo, en la tradición oral se dice que se localiza en la Sierra Cucapá, es decir, localizado hacia el oriente, por esta razón cuando hacen los entierros de sus difuntos, colocan la cabeza hacia el oriente. Todos los pueblos de la región yumana sentían un gran respeto y temor por el espíritu de sus muertos, para ellos realizaban ritos y hacían oración durante cuatro días. En la antigüedad todos ellos tenían ceremonias crematorias. En la actualidad, sólo los cucapá, después de la ceremonia crematoria hacen una ceremonia de purificación en la Wa keruk, es decir, la casa ritual, espacio en tradicional en donde se hace oración, durante el Keruk, ritual dedicado a los muertos, las oraciones estan dedicadas a los difuntos de toda la comunidad y los vivos se purifican con el vapor, con ello los espíritus de los muertos puedan irse en paz. Esta casa ritual está construída con ramas de sauce y en su interior se hace una fosa en la que se colocan piedras volcánicas candetes a las cuales se les echan plantas que se usan en los rituales y agua y para que se produzca el vapor para purificar los cuerpos de los vivos y dejar que los espíritus de sus muertos viajen libremente. En la actualidad algunos pueblos Baja California y de los Estados Unidos lo practican. Los tohono odham, habitantes de los estados de Sonora y Arizona creen que la muerte puede tener causas naturales y sobrenaturales. Cuando alguien muere, se procura enterrarlo en su lugar de nacimiento. Se vela durante una noche y después es llevado al cementerio en donde es enterrado con sus pertenencias. Su ropa se quema. Una de sus cderemonias principales es la del día de los muertos. Una vez realizada la dominación española, este tipo de creencias llevó a la población a reformular ciertos ritos y prácticas que se combinaron, siendo el resultado la fusión entre lo prehispánicos, lo español y las otras tradiciones culturales llegadas a través de los españoles y las que más tarde se hicieron presentes en nuestro país, es decir, un sincretismo cultural, es así como han llegado hasta nuestros días. Sin embargo, es importante recalcar que para los pueblos que habitan en el medio rural, esta ceremonia tiene una mayor significación, particularmente en los pueblos indios, en donde estas manifestaciones culturales forman parte de la concepción de su mundo, de la vida y de la muerte. Esta información nos permite conocer y comprender algunas de las prácticas funerarias que los antigüos mexicanos tenían y aún conservan, su concepción de la muerte como continuidad de la vida. Asimismo, estas prácticas han impactado a las ciudades de todo el país, incluyendo a las de la frontera norte, variando de lugar a lugar y de pueblo en pueblo. Es aquí en donde estas prácticas adquieren sus propias características y están en constante enriquecimiento: concurso de ofrendas, diversas formas de pan de muerto realizado dentro de las distintas tradiciones culturales, venta generalizada de pan por todo el país, calaveras de todo tipo, figurillas chuscas, figuras de azúcar, sin faltar los versos o calaveras políticas. Por ejemplo, entre los pueblos mayas actuales tzotziles y tzeltales, localizados en el estado de Chiapas, al morir una persona se dice que va al k´atimbak, que es el mundo de las almas de los muertos, aquí repetirá una vida semejante a la de la tierra y vestirá las ropas con las que ha sido enterrado. Al igual que en el pasado este hombre habita en un mundo creado y sustentado por sus dioses, respeta las normas establecidas por sus antepasados que están vivas en la tradición oral y en el Consejo de Ancianos. En ellos el equilibrio del mundo depende de sus acciones y por medio del alma se liga con lo sobrenatural, sus dioses controlan su universo y determinan su éxito en los diferentes aspectos de la vida. En la investigación realizada por Pedro Carrasco entre los pueblos puréhpechas del estado de Michoacán nos comenta: "Los tarascos creen firmemente en la supervivencia del hombre después de la muerte. La base de esta creencia radica en la división del hombre en cuerpo y alma. La muerte es la separación final del cuerpo y alma. El cuerpo perece mientras el alma continúa existiendo". De acuerdo a distintas expresiones populares se dice que los que mueren por borrachera se pierden, así como los que han asesinado a alguna persona o las personas que se mueren sin confesar. Los niños muertos se van al cielo porque no han aprendido a decir disparates, a ellos se les llama angelitos. Sus creencias sobre los muertos y sobre su comportamiento correcto durante su vida para lograr ir al cielo se ven confirmadas por las pláticas de personas que afirman haber muerto y vuelto a la vida porque descubren que todavía no les había llegado su hora. El mismo Carrasco nos dice con respecto al destino de los muertos que de acuerdo a los testimonios de sus informantes, pueden ir al cielo todas las personas que han sido buenas, así como los niños. Al infierno se van a ir los agraristas, pues gentes que dicen haber resucitado han visto un lugar reservado para ellos. Por otra parte, es muy común la idea del purgatorio en las creencias populares. Los puréhpechas creen que las almas de los muertos se convierten en mariposas, las de los niños en mariposas blancas y las de los adultos en mariposas negras y grises. Entre los pueblos nahuas existen creencias que nos permiten ver la relación que el hombre establece con sus muertos, así aparecen unos personajes denominados los "xocoyotitos", que según la tradición son niños que mueren al nacer o antes de ser bautizados. Se dice que estos pequeños seres estan provistos de alas, son habitantes de los bosques y aparecen sentados en los cerros y montañas convirtiéndose en benefactores de los hombres que trabajan en estos lugares. Así en toda la provincia mexicana se cuentan leyendas en torno a los xocoyotitos. En nuestro país existen diversos lugares en los que los habitantes platican de las experiencias que han tenido en ciertos lugares, particularmente entre los hombres que trabajan en los bosques cortando leña, ellos han platicado sus diversas experiencias, por ejemplo: cuando se les aparece un niñito con alas, el cual le pide algún favor, como darle un palito, alcanzarle su lazo o que le ayuda en alguna tarea, entonces, el xocoyotito le promete cortarle toda la leña que necesite, cumpliéndole la promesa. De acuerdo al testimonio de algunos entrevistados un pariente suyo se encontró al xocoyotito y le hizo un favor, a cambio el xocoyotito le prometió cortar la leña que necesitaba, el hombre se fue confiado y al día siguiente regresó al mismo lugar y sorprendido vió que la leña estaba apilada tal como se lo habían prometido. FECHAS Y CELEBRACIÓN En la mayor parte de los pueblos de nuestro país esta festividad se celebra durante dos días: el primero fecha en el que se festeja la llegada de los muertos chiquitos o muertecitos, también se celebra el día de Todos los Santos y el día 2 se dedica a los Fieles Difuntos, también conocida como la fiesta grande de los muertos. Todavía en las primeras décadas de siglo XX, en un pueblo del Estado de México, llamado Sultepec, el día 1o. de noviembre a medianoche se celebraba un desfile de muertes, desfilaban en unos carromatos por todo el pueblo, se dice que todas las familias tenía una de tamaño natural, éstas el resto del año permanecían en un cuarto obscuro y eran visitadas durante las noches por los miembros de la familia, comentan los lugareños que de esta manera se iban familiarizando con la muerte y aprendían a no tenerle miedo. A pesar de que esta tradición está prácticamente desaparecida, algunas familias aún conservan sus muertes, elaboradas con distintos materiales, algunas de ellas las familias las han conservado por un periódo de más de 300 años. LUGARES DE TRADICIÓN EN LA CELEBRACIÓN DE LOS MUERTOS. Aunque se ha dicho que la mayor parte de nuestro país participa de esta celebración, existen dos lugares en donde esta ceremonia tiene una gran fuerza y no únicamente a nivel local, su tradición en este festejo ha rebazado los límites de la localidad para convertirse en eventos turísticos de carácter nacional e internacional. El primero de ellos es Mixquic, nombre de orígen nahua cuyo sinificado está relacionado con la muerte. Este lugar se localiza al sur del Valle de México, en esta localidad se dan cita los habitantes de la población, quienes llevan sus ofrendas al panteón, al parecer este sitio fue de gran relevancia desde el periódo prehispánico. El segundo lugar es la isla de Janitzio, localizada en el lago de Pátzcuaro, Michoacán, es una comunidad indígena puréhpecha, cuya tradición ha tenido una continuidad que llega hasta nuestros días, sin embargo, el significado de la fecha se ha modificado notablemente debido a la presencia de turistas nacionales e internacionales, pues de su propia voz he escuchado que esta celebración no tiene ningún valor para sus muertos, puesto que los visitantes sólo van por curiosidad y son ajenos a sus prácticas culturales tradicionales. No obstante, para ellos, representa su manera de entender la vida y la muerte que viene de su pasado cultural, de su manera de ver la vida, de sus raíces. Mientras tanto, para los turistas sólo representa un atractivo turístico, un lugar por conocer, un festejo o muestra más de la cultura mexicana, pero no entienden la esencia y simbolismo de la celebración. Por otra parte, los puréhpechas están concientes de que es necesario darle continuidad al evento, ya que para la comunidad representa un ingreso económico importante, tanto para los artesanos y comerciantes indígenas y no indígenas de la región. Ya en lo particular, de manera privada realizan su ceremonia en la que recuerdan y brindan ofrendas a sus difuntitos. Los tohono odham, habitantes de los estados de Sonora y Arizona creen que la muerte puede tener causas naturales y sobrenaturales. Cuando alguien muere, se procura enterrarlo en su lugar de nacimiento. Se vela durante una noche y después es llevado al cementerio en donde es enterrado con sus pertenencias. Su ropa se quema. Una de sus ceremonias principales es la del día de los muertos. LAS OFRENDAS. Las prácticas más comunes y generalizadas entre los pueblos que celebran la tradición de día de muertos son las "ofrendas", por una parte las que tienen lugar en los panteones de las localidades, sobre las tumbas y las ofrendas que hacen en las casas. En las ofrendas dedicadas a los niños o angelitos se colocan flores blancas, papel picado blanco y azul o blanco y rosa, dependiendo si era niño o niña, dulces de azúcar, figuritas de angelitos, galletas, pan de muerto de tamaño pequeño y los juguetes del difuntito. Si se les ofrecen alimentos, éstos no deben tener chile, porque según la tradición los angelitos se enojan. Al panteón generalmente se le llevan flores blancas y juguetes y globos. Para las ofrendas de los adultos, si es en el panteón, se les llevan flores, especialmente cempasúchil o flor de muerto y moco de totol, una flor aterciopelada de color rojo quemado o guinda, ambas flores son propias de la temporada, también se les colocan velas o veladoras, los platillos que más gustaban a los difuntos, pan de muerto, que en muchos de los casos se hace en casa, ofrenda de dulces mexicanos, calabaza en tacha o camotes en almibar, capirotada y dulces cubiertos, tequila, mezcal, aguardiente, cerveza o su bebida favorita. Durante la noche del 1o. los parientes reunidos en la tumba pasan velando y rezando toda la noche hasta la entrada del día siguiente, ya que según la tradición oral es el lapso de tiempo en que los difuntos visitan su ofrenda y toman de ella lo que más les gustaba, la esencia de los alimentos. Después de que pasó un tiempo razonable los familiares empiezan a comer parte de lo que llevaron como ofrenda, después intercambian con sus amigos y vecinos en el mismo panteón, es la socialización de la ceremonia Entre los puréhpechas se dice que quien no tiene huella del humo en la cara, no pueden participar de la ofrenda, pues esto denota que no estuvo presente durante la velada y el rezo. La celebración de la tradición de muertos se convierte en una fiesta, pues los dolientes llevan banda de música, mariachi o interpretan la música que a los difuntitos les gustaba. La ofrenda para los adultos que se levanta en las casas se realiza a manera de altar, algunas personas les ponen tres niveles, otros únicamente la realizan en un sólo plano, en ella se coloca al centro una imagen religiosa, al lado la foto de la persona o personas a quien va a ser dedicada, se adorna con papel de China picado de diferentes colores, se colocan jarrones con flores de cempasúchil, velas y veladoras, pan de muerto redondo o de figuras antropomorfas, calaveras y adornos de azúcar, las comidas que más gustaban al muertito, calabaza en dulce, chayotes y elotes cocidos, tamales y atole, agua y la bebida que más le gustaba tomar al difuntito, una muda de ropa, sus objetos personales, si el difunto tocaba algún instrumento se coloca también en la ofrenda. Un camino de flores de cempasúchil iluminado que le señala al difunto el lugar de la ofrenda, un petate por si deseara descansar, algunas monedas, un palo de rosal, un poco de sal, incienso y un perro gris, hay una mezcla de distintos elementos culturales En algunas casas se colocan figuras chuscas que van acompañadas por un verso, por ejemplo, si algún hombre le gustaba tomar le ponen una figura alusiva a ello, una figura sentada sobre un barril que dice: "Levanto el vaso, empino el codo y por ustedes me lo tomo todo". Estas figuritas hacen referencia a cualidades o defectos de las personas. La ofrenda actual es una mezcla de elementos de diferentes tradiciones culturales y en los hogares mexicanos se da rienda suelta a la imaginación. Lamentablemente en los concursos de ofrendas es muy difícil evaluar la creatividad de quienes con gran amor recuerdan a sus antepasados, lo más importante es que aún están presentes las enseñanzas de nuestrosnuestros ancestros: "Porque la persona no muere si permanece viva en la memoria de sus descendientes" Los elementos colocados en la ofrenda varían de persona persona y de pueblo a pueblo, así como el enriquecimiento que ha tenido a partir de la comprensión de esta tradición, empiezan a inventar y elaborar: dulces, figuras de migajón, figuras de azúcar, calaveras de azúcar, chocolate y amaranto, por mencionar algunas; tallado en madera, miniaturas, papel picado y por supuesto las calaveras políticas que hacen referencia a la inconformidad de la población respecto a las acciones de ciertos políticos cuyas acciones no son aceptadas por la comunidad. También se ha convertido en una práctica muy generalizada el hecho de "regalar calaveras de azúcar" con el nombre de los amigos y familiares. Asi como compartir el pan de muerto acompañado con chocolate Por otra parte, desde el mes de septiembre la producción de pan de muerto está presente en todas las panaderías de nuestro país y es del gusto de nacionales y extranjeros. Lo hacen en forma circular, ovalada, antropomorfa, cubiertos de chochitos, azúcar rosada, azúcar blanca, con ajonjolí, es un derroche de la imaginería popular. Para finalizar sólo comentaré que esta ceremonia es muy importante porque restablece nuestros lazos de convivencia con nuestros familiares, con los grupos y las comunidades, semejante a otras que promueven una mayor cohesión social en nuestra sociedad. Por otra parte, reafirma nuestros lazos culturales y nos permite reconocer y respetar lo diferente. |
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